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Formación programada por las empresas: un ejemplo paso a paso

Equipo Cuadernal

Un ejemplo paso a paso de formación programada por las empresas: cómo una pyme bonifica un curso con su crédito FUNDAE, con datos ficticios.

La teoría de la formación programada por las empresas se entiende mejor con un caso concreto. Aquí seguimos, paso a paso y con datos ficticios, cómo una pequeña empresa forma a su plantilla y recupera el coste mediante su crédito de formación. Verás dónde encaja tu academia y por qué el orden importa.

El punto de partida: una pyme con una necesidad

Imagina "Talleres Núñez", una empresa con 8 trabajadores en régimen general que cotizan por formación profesional. Quiere formar a 5 de ellos en atención al cliente, 30 horas en teleformación. Su gestoría le confirma que está al corriente de pagos con Hacienda y la Seguridad Social, uno de los requisitos básicos para bonificarse.

Por su tamaño, las empresas más pequeñas suelen poder bonificar un porcentaje muy alto del coste (en el tramo de menos empleados, la referencia habitual llega al 100%). El importe exacto depende de lo cotizado el año anterior y de las reglas de cálculo vigentes, así que Talleres Núñez lo confirma antes de lanzarse.

Paso 1: decidir quién organiza la formación

Talleres Núñez no quiere lidiar con trámites, así que delega la gestión en una entidad organizadora: tu academia, por ejemplo, o una gestora especializada. La empresa firma con ella el encargo de organizar la formación y comunicar los datos a FUNDAE en su nombre.

Aquí ya se ve el negocio: la empresa pone el crédito y el interés; tú pones la formación y el papeleo que la sostiene.

Paso 2: comunicar el inicio antes de empezar

Antes de que arranque el curso, hay que comunicar la acción formativa a través de la aplicación de FUNDAE: qué curso es, cuántas horas, qué participantes, en qué fechas y con qué modalidad. Este paso tiene plazos y debe hacerse antes del inicio previsto. Saltárselo o comunicar tarde puede dejar el curso fuera de la bonificación.

En nuestro ejemplo, se comunican los 5 participantes, las 30 horas y la modalidad de teleformación con la antelación exigida.

Paso 3: impartir y dejar evidencias

El curso se imparte. Y mientras se imparte, se va generando la prueba de que ocurrió de verdad. En teleformación eso significa registros de conexión de cada alumno, progreso por los contenidos, evaluaciones con su resultado y comunicación con el tutor.

No es un trámite del final: es un rastro que se construye día a día. Si un participante se descuelga, conviene detectarlo pronto, porque un abandono afecta a la justificación de sus horas.

Paso 4: comunicar la finalización y justificar

Terminado el curso, se comunica la finalización dentro del plazo previsto (una referencia habitual es de pocos días hábiles desde la última sesión) y se prepara la documentación justificativa: certificados de aprovechamiento con nombre, contenido, duración y fecha; registros de conexión; evaluaciones. Esta documentación debe conservarse durante el periodo que marque la normativa.

Paso 5: aplicar la bonificación

Con todo comunicado y justificado, Talleres Núñez aplica la bonificación descontándola de sus cuotas a la Seguridad Social en el boletín correspondiente. No recibe un ingreso ni solicita una subvención: paga menos Seguridad Social por el importe bonificado, dentro de su crédito anual, que debe usarse en el año natural.

Supongamos que el curso costó 750 € ficticios y la empresa puede bonificar el 100%: recupera esos 750 € vía cuotas, siempre que la documentación respalde la formación. Si algo falta y hay inspección, tendría que devolver lo bonificado con intereses. Por eso las evidencias no son un adorno.

Qué te llevas de este recorrido

El ejemplo deja tres ideas claras para tu academia:

  • El orden manda. Comunicar antes de empezar y finalizar dentro de plazo es tan importante como impartir bien.
  • La prueba se construye durante el curso, no al cierre.
  • Tu valor no es solo formar, sino quitarle a la empresa el papeleo que hace posible la bonificación.

Dónde está tu tiempo

Cada uno de estos pasos (comunicar participantes, recoger evidencias, cuadrar horas, emitir certificados, montar la justificación) consume horas, y se multiplican por cada empresa y cada curso. Ahí es donde una plataforma como Cuadernal marca la diferencia: cuando los registros y la documentación de cada acción formativa se generan solos, gestionar formación programada deja de comerte las tardes y se convierte en un servicio que puedes ofrecer con soltura y vender con confianza.